ACTIVIDAD FÍSICA Y OBESIDAD

Relación entre obesidad y Actividad Física

Información sobre la obesidad y la actividad física

By José Luis López

La obesidad es uno de os factores de riesgo cardiovascular modificables sobre el que incidir para tratar de buscar una mejor calidad de vida, así como reducir el riesgo relativo de muerte aumentado por los estados de sobrepeso.

Los beneficios que la actividad física aportan a la salud social física y mental de los practicantes ya son bien conocidos, siendo una herramienta fundamental para el tratamiento de diferentes patologías y a la que cada vez más médicos recurren como medio para tratar de revertir situaciones poco deseadas para sus pacientes.

En 2009, la ACMS publicó una actualización de su documento publicado en 2001 titulado «Appropriate Intervention Strategies for Weigh Loss and Prevention of Weigh Regain for Adults», en el que  muestra una serie de evidencias científicas en las que se basa su posicionamiento sobre la intervención ante la obesidad y el sobrepeso.

La necesidad de aumentar los niveles de actividad física en la sociedad como herramienta para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad está respaldado por diferentes entidades de importancia internacional como la NHLBI, ACSM, AHA o la American Academy of Family Physicians, que buscan estrategias para tratar de reducir el impacto de los factores de riesgo que actúan sobre la población. En este artículo analizaremos el impacto de las diferentes estrategias y las complicaciones al querer implantarlas en los diferentes estratos sociales hoy en día.

“Para poder llevar a cabo un programa de ejercicio focalizando en el aumento del consumo energético, es vital conocer los factores que se deben planificar para el desarrollo de la actividad. Factores como la intensidad, la duración y los descansos van a estar estar directamente relacionados con el gasto energético”

Se recomienda el uso del pulsómetro para el control del ejercicio, ya que nos ayudará a desarrollarlo de una forma más precisa. Además, siempre es aconsejable, antes de comenzar un programa de actividad física, pasar un reconocimiento médico en el que, a título personal, se debería incluir una prueba de esfuerzo para descartar riesgos cardiovasculares y poder realizar una planificación mucho más exhaustiva y segura en función a las características individuales de cada sujeto.

¿Cómo clasificamos la intensidad?

La intensidad, según la OMS en su Estrategia Mundial Sobre el Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud (4), refleja la velocidad a la que se realiza la actividad, o la magnitud del esfuerzo requerido para realizar un ejercicio o actividad. Se puede estimar preguntándose cuánto tiene que esforzarse una persona para realizar esa actividad, es decir, la energía que ha de consumir para poder llevarla a cabo. La intensidad requerida para una misma actividad varía de un sujeto a otro en función de diversos factores como el peso corporal, el metabolismo, el nivel de condición física, etc.

En muchos textos podemos comprobar que se emplea el término MET para referirse a la intensidad de las actividades. Como bien sabemos, cualquier actividad realzada conlleva un gasto de energía. Pues bien, se considera que 1 MET es el equivalente al gasto energético que el organismo consume sentado, de forma tranquila en reposo. Los que se hace es comparar el gasto que las actividades conllevan con ese reposo, así una actividad que se realice a 3 METs de intensidad supondrá un gasto tres veces mayor al del de estado reposo.

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